Me voy ahogando,
una vez más ahogando,
en una laguna tibia al sol.
Y miro tu reflejo en el viento
alejándose,
y me ahogo en la laguna de memorias del mediodía.
Me encuentro y me olvido.
¿recuerdas el sol?,
¿te fijaste cuan fijamente nos miraba?,
¿recuerdas que te fuiste y que te llevaste mi alma?
Maldito ladrón de almas,
tráela, pero no me la devuelvas
no me querrá a mi,
pues querrá siempre saber de ti.
Esa tarde se murió el mundo por horas,
no muchas, sino suficientes.
En el cuadro aquel sólo detalles:
el pasto, un árbol,
sólo tu, sólo yo,
sólo eso y el sol.
Fueron esas las horas,
¿volverán aquellas horas?
No, no aquellas,
si no otras.
Pues el tiempo volver atrás quizá no puedas,
ni yo,
pero intentar lo parecido, las veces que tu quieras.
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