
Te ha pasado alguna vez, viviendo o habiendo estado en santiago (ahorrándome cualquier adjetivo calificativo a esta), que no hay nada más incómodo que una sonrisa en el metro, o ni siquiera sonrisa, una simple mirada basta para desagrada al máximo la expresión facial del afectado/a.
Un día, el profesor de "Teoría y Procesos Psicológicos" nos preguntó en clase porqué ocurría este singular fenómeno de que todos en el metro van mirando el piso o haciendo hasta lo imposible para evitar contacto con el resto. Desde ese día, cada vez que hago uso del medio de transporte aludido, lo recuerdo y trato de explicármelo.
Bueno, primero, luego que me fuera imposible no asociarlo con una de las ideas de Watzlawick que señala "imposible no comunicar" se hace más obvio aun por el simple hecho de que el hombre es un animal social constantemente rodeado de MAS HOMBRES, siendo absurdo e antinatural mantenerlo 100% aislado en sí mismo en un lugar atestado de gente.
Entonces, ¿Será antipatía, descontento social, rebeldía? Sinceramente, no lo sé. No sé porque la gente insiste en deshumanizarse así, pero por lo menos yo, soy una mirona.
No puedo dejar de observar a los demas. No es pelambre, no es fijación ni un fetiche extraño, sólo sé que obserbar es para mi, irremediable. Por supuesto, hay veces en que no me es favorable y sacó muy malas caras por respuesta.
A través de mi "mirona" personalidad también me he dado cuenta de que- comunicándome con su "incomunicación"- hay varios tipos de personas en el mundo del sub metro:
Están las personas que, de ninguna manera, les gusta ser obserbadas, están las que finjen que no les gusta (pero ese es tema largo para otro día), están las que se pasan cualquier película (película=rollo amoroso), las que creen tener algo fuera de armonía (ya sea cilantro en el diente, suciedad poco glamorosa en la nariz, etc.) y, las menos comunes, que son las personas que amablemente sonríen de vuelta. Aclaración! los que se pasan película también pueden sonreir de vuelta, pero es fácil distinguir que en esasonrisa no va nada de amabilidad.
Este último grupo, el afable, está generalmente compuesto por niños chicos. Estos me alegran el día en mis largas travesías hacia o desde la universidad. Las guagüitas risueñas y babosas; y los niñitos coquetos que se esconden en la parca o en las piernas de sus papas y te miran de reojo y se vuelven a esconder. Ellos como que le quitan esa pesadez lúgubre de estar bajo tierra lleno de ánimas igual de pesadas y igualemente lúgubres.
En fin, las personas son realmente fascinantes, y en sus ojos y expresiones puedes ver historias. Alegrías, tristezas, desiluciones, angustias...Diversidad.
Seguiré mirando por ahí. Yo y mis mañas...Sonríe :D